La organización salvó a Tancítaro, no las armas: experto

Vie, 10 Nov 2017
El próximo 16 de noviembre se cumplen cuatros años de que autodefensas se hicieron cargo de la seguridad en este municipio michoacano
  • Adrián de Jesús Ramírez, colaborador del 'Programa de Reconstrucción del Tejido Social en Reconciliación Familiar en Tancítaro (Valentina González/IBERO).
  • Ciclo 'Construcción de paz con perspectiva de género' (Valentina González/IBERO).
  • Elvia González del Pliego, coordinadora del Programa de Asuntos de Género (Valentina González/IBERO).

El próximo 16 de noviembre se cumplen cuatro años de que los grupos de autodefensa tomaron el control de la seguridad de Tancítaro, Michoacán, tras casi una década de que la comunidad fuera azotada por los cárteles del narcotráfico.

Adrián de Jesús Ramírez, coordinador del 'Programa de Reconstrucción del Tejido Social en Reconciliación Familiar', en Tancítaro, Michoacán, aseguró que los pobladores de este municipio tienen presente que fue la organización, y no las armas, lo que los salvó. Este tiempo ha implicado un proceso de aprendizaje comunitario, de relatar el dolor que no fue expresado durante el tiempo que estuvo el crimen organizado.

Durante su participación en el ciclo 'Construcción de paz con perspectiva de género', organizado por el Programa de Asuntos de Género de la IBERO, Ramírez explicó que en el caso de Tancítaro, la construcción de paz no ha tenido que ver con las armas sino con la capacidad organizativa de la gente.

“Es un pueblo armado, pero no es violento ni agresivo. La comunidad tienen sus reglas para decidir en qué momento se usan las armas. Están en las barricadas, pero no se utilizan en otro momento. Sin embargo, ellos se preguntan hasta cuándo van a tener que estar armados, hasta cuándo van a tener que desvelarse dos días a la semana pues no sienten seguridad estatal ni del gobierno mexicano”, señaló el maestro en terapia familiar.  

Entre 2004 y 2013, cárteles del narcotráfico como 'La Familia Michoacana', 'Los Zetas' y 'Los Caballeros Templarios' sometieron a la comunidad de Tancítaro. Los pobladores perdieron su libertad y la esperanza de una organización comunitaria, pues cada que intentaban hacer algo, se incrementaban los secuestros y asesinatos, el miedo se los impedía.

En 2013, el doctor José Manuel Mireles llegó a la zona con un grupo de personas armadas de comunidades cercanas (La Ruana y Apatzingán) y ahí empezó un proceso de liberación. Este factor animó a la población de Tancítaro a revertir su situación: vivir como esclavos del crimen,

Así, el 16 de noviembre fue declarado el 'Día de la Comunidad' porque el pueblo se organizó y expulsó a los cárteles. Cuando Mireles se fue del municipio quedó la organización social denominada 'Los Comunitarios'. El pueblo se organizó, instaló barricadas o casetas de vigilancia que están en la entrada y salida de 70 comunidades de un total de 83. Esto generó un proceso en la cual a partir de los 18 años los pobladores deben sumarse a las barricadas.

“El dolor por sus muertos fue lo que animó a la comunidad a tomar conciencia de que hay posibilidades y deseos; a mantener esta organización que celebrará su cuarto año. De mantener un proceso de paz a través de la organización comunitaria”, enfatizó Ramírez.

Reconstrucción de la confianza

Adrián de Jesús Ramírez, quien se mudó a Tancítaro por parte del programa reconstrucción, señaló que durante muchos meses le tocó escuchar el dolor y el enojo en contra del gobierno, el ejército y los policías por guardar silencio ante el reclamo social que hubo. "Incluso nosotros éramos vistos con enojo", dijo.

De acuerdo con el terapeuta, después de vivir una situación de violencia, los sufrimientos no hablados se convierten en problemas emocionales, dificultades para comer, dormir, para encontrar la paz.

Otra de las situaciones que dejó el crimen fue un alto consumo de drogas, por lo que llevaron un programa de tratamiento de adicciones con enfoque comunitario. También se empezó trabajar en programas de reconstrucción de otras áreas, como la educación por la paz en las escuelas, la economía social y solidaria, un modelo menos agresivo en el territorio y más compartido.

Fue repensar en otro modelo de organización, que el poder estaba en la comunidad y empezar a utilizarlo para la construcción de la paz y del tejido social, a través de un enfoque de espiritualidad comunitaria y de un proceso de reflexión. Como parte del programa, el objetivo era entender lo que dolía a todos, pero que reconstruirse depende de todos.

“Reconstruir la confianza es un proceso que lleva mucho tiempo, pero también es reconstruir desde adentro de las personas algo que se fracturó, que se fragmentó. Empezar a reunirnos fue difícil porque la gente no quería hablar. Con el tiempo se reconstruyó. Abrimos espacios de dialogo”, señaló Ramírez, quien tenía la misión de facilitar procesos a través de un análisis de la comunidad.

Ahora, un elemento esperanzador es lo que están construyendo. Han hecho cooperativas, se ha construido un modelo de gobierno en el que se escucha a la comunidad. Las escuelas también se sumaron para hacer trabajos de construcción de paz, que han dado pautas para que una nueva generación de adolescentes pueda replicar estos modelos de asamblea, de tener capacidad de organización que tiene que ver con escucharse y compartir.  

Los aguacateros también se sumaron en estas reflexiones de hacer otro tipo de economía, porque el enriquecimiento de una manera desbordante, sin análisis y cause fue lo que atrajo al crimen a estas comunidades.

“Los empresarios reflexionaron acerca de la riqueza, pues con la llegada del aguacate cada quien empezó a vivir por separado. El crimen empezó a entrar porque la gente estaba separada. La sensación de autonomía, riqueza y autosuficiencia permitió que la comunidad se fragmentara, se rompió el tejido social y para reconstruirlo tiene que ser a partir del encuentro y revinculación con la gente y con la tierra”, señaló el facilitador de procesos de psicoterapia grupal para víctimas de violencia, así como personas con estrés postraumático. 

Valentina González/ICM


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