Doctorado en Estudios Críticos de Género iniciará clases con conferencia de Teresa Forcades

Vie, 10 Ago 2018
La reconocida teóloga Teresa Forcades, integrante del claustro de este posgrado, dará una conferencia inaugural
Como preáumbulo a la ponencia, la Dra. Silvia L. Gil, académica de la IBERO, habla sobre normatividad sexual
  • La manera de comprender la sexualidad ha ido transformándose, señala la Dra. Silvia L. Gil López (Imagen: pixabay.com).

El próximo lunes 13 de agosto iniciará clases uno de los nuevos posgrados de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, el Doctorado en Estudios Críticos de Género, que será inaugurado con la conferencia ‘Normatividad sexual y salud: una crítica a la despolitización del cuerpo’, que impartirá la reconocida teóloga catalana Teresa Forcades i Vila, consejera técnica externa del doctorado, y quien impartirá una de las materias obligatorias en el mismo.

Como preámbulo a la conferencia inaugural de Forcades, la doctora Silvia L. Gil López, académica del Departamento de Filosofía de la IBERO y del Doctorado en Estudios Críticos de Género, especialista en filosofía contemporánea y estudios de género, habló acerca de la normatividad sexual.

¿Qué normas sexuales imperan en la actualidad?

A lo largo de la historia, la manera de comprender la sexualidad ha ido transformándose. Cada época pone en marcha dispositivos concretos de poder sobre los cuerpos. Michel Foucault explicó que la sexualidad es el más profundo de estos dispositivos, debido a que penetra en el interior de los cuerpos y produce aquello que somos, nuestra subjetividad. 

Las feministas fueron más lejos y lograron identificar otros dos aspectos interrelacionados: existe un régimen heterosexual y ese régimen es funcional en la construcción desigual de lo femenino y lo masculino. Lo que se espera de nosotrxs es que el cuerpo y el deseo se adapten a dicho régimen; nuestra vestimenta, nuestra manera de caminar, de sentarnos y, también por supuesto, de desear, deben corresponder a lo que se ha dicho que es lo femenino o masculino. 

Estos elementos construyen cotidianamente la norma sexual. La buena noticia es que el hecho de que se construya significa que no es natural, no viene dada. El psicoanálisis ha visto esto claramente; en materia de sexo no existe ningún tipo de normalidad. Si nos fijamos, hay infinidad de prácticas, cuerpos, que rompen, cuestionan y resisten dicha norma.  

¿Por qué ha habido una imposición de identidades sexuales normativas, y qué consecuencias ha tenido esto?

No creo que exista una respuesta única a esta pregunta, pero podemos rastrear algunos aspectos importantes en términos históricos. El primero tiene que ver con al surgimiento del capitalismo; para que éste pudiera desarrollarse hubo un progresivo proceso de encierro de las mujeres desde otras esferas al hogar. Esto puede resultar extraño, pero tenemos que saber que las mujeres no estuvieron siempre haciendo las labores domésticas, el capitalismo tuvo que reorganizar la vida para poder sostener la reproducción de la mano de obra, y las mujeres fueron las encargadas de hacer ese trabajo. 

Es por eso que la biopolítica, la domesticación contemporánea de los cuerpos, no puede comprenderse sin la división sexual del trabajo. A través de ésta se responsabilizó a las mujeres de todo aquello relacionado con el cuidado en el interior familiar. Para que esto funcionase era necesario construir una subjetividad determinada: lo femenino, como naturalmente inclinado al cuidado de los otros y a la maternidad, en una esfera, la doméstica, sistemáticamente desvalorizada dentro del conjunto socioeconómico. 

Lo masculino, por su parte, cumplirá el papel de ‘proveer’ el salario, el pan; se encarga de lo ‘importante’ en una esfera valorizada, el ámbito productivo/público/político. Lo que vincula a ambos sexos es el mandato heterosexual, que se sostiene, entre otras cosas, en la prohibición de la homosexualidad. 

Otro de los aspectos tiene que ver con el control de la reproducción de la vida. El cuerpo de las mujeres es el primer territorio de disputa política; algo que las feministas expresaron a la perfección con la famosa consigna: “Lo personal es político”. 

Pensemos en lo que pasó recientemente en Argentina: ¿por qué no se escuchó el clamor de millones de mujeres argentinas y de todo el mundo a favor de legalizar el aborto? Ellas lo plantearon como un asunto de salud pública y de derechos humanos: las mujeres más pobres son las que mueren en los abortos clandestinos, y muchos de esos abortos son involuntarios, también fruto de violaciones. 

Pero ¿qué mecanismos operan para que el senado prefiera que las mujeres sigan arriesgando su vida antes de aceptar que decidan libremente? Es un tema muy complejo, pero podemos resumirlo en lo que evidencia: el poder teme que las mujeres decidan por sí solas, porque el patriarcado no es un aspecto colateral del mismo, sino un sistema fuertemente arraigado en la sociedad. 

Por tanto, se sigue mandando un mensaje que impacta directamente en la construcción de la norma sexual: las mujeres no pueden decidir libremente sobre su cuerpo como los hombres; y en caso de que lo hagan, son culpables y no contarán con ningún apoyo médico ni institucional. 

¿Cómo se mantiene esta enorme desigualdad en la manera de entender la sexualidad masculina y la femenina?; de nuevo, a través del despliegue de ese complejo dispositivo del régimen heterosexual que pasa por discursos (pensemos en la enorme fuerza que está cobrando la llamada 'ideología de género' a través de un determinado sector de la Iglesia) y prácticas legislativas (como la negación a abortar en condiciones seguras), punitivas (asentando la impunidad en la violencia de género y sexual), médicas, etcétera.           

El último aspecto tiene que ver con lo que supone para las personas LGBTI todo esto. Su sexualidad representa un peligro para el modelo familiar basado en la división sexual del trabajo y en los roles de género convencionales, cuestiona profundamente cómo entendemos lo femenino y lo masculino, ese modelo basado en mujer-cuidadora/ hombre-proveedor. Aunque aquí tenemos que vigilar cómo el capitalismo contemporáneo ha ido adaptándose a las nuevas formas de familias en algunos contextos; pero también representa un peligro para el control de la reproducción de la vida. 

Las comunidades LGBTI han hecho del cuerpo y de la libertad sexual algo central en sus luchas, que escapa a la unión heterosexual convencional. En este sentido, es muy interesante la alianza entre las demandas de aborto seguro, libre y gratuito de las feministas, y ese derecho al cuerpo y a una sexualidad libre de las personas LGBTI. En ambos casos, se trata de recuperar el cuerpo como un lugar de decisión propio. Dicho de otro modo: es la batalla por recuperar la autonomía.  

Y debido a esta normatividad sexual, ¿cómo están viviendo las personas heterosexuales y LGBTI su sexualidad, en los ámbitos público y privado?

Creo que es especialmente importante traer a cuenta los asesinatos sistemáticos de las personas transexuales. En México, sólo en octubre de 2016, fueron asesinadas diez mujeres trans. En estos crímenes se produce especial ensañamiento. Aceptar una identidad de género distinta a la que se supone te corresponde socialmente, o ser homosexual, supone un riesgo real para la vida; ¿por qué?, ¿qué tiene que ver esto con el poder heteropatriarcal que mencionamos antes? 

Es importante que empecemos a analizar los vínculos ente feminicidios, transfeminicidios y agresiones contra personas LGBTI. Necesitamos campañas específicas que no hablen sólo de que debemos ‘tolerar a los otros’, sino que cuestionen el presupuesto de que hay una forma de vida más legítima o natural que otra; y que cuestionen la desigual distribución del valor de la vida, por qué unos cuerpos parecen no importar -mujeres, transexuales, transgénero, homosexuales, migrantes-. 

También debería ser absolutamente prioritaria la justicia en relación a esas agresiones, la protección especial (no victimizadora) en todos los niveles de los grupos más vulnerados y el avance en crear condiciones igualitarias. 

Por otro lado, las maneras en las que las personas viven en el ámbito privado su identidad de género y sexualidad son siempre singulares, no me parece que se pueda responder por nadie. Me parece muy importante pensar que aún en los contextos más difíciles, cada cual construye estrategias propias de resistencia de las que siempre tenemos que aprender.   

Teresa Forcades i Vila dará su conferencia ‘Normatividad sexual y salud: una crítica a la despolitización del cuerpo’, el lunes 13 de agosto, de 11 a 13 horas, en el auditorio Crescencio Ballesteros de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

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PRL/ICM


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