Universitarios, los más propensos a sufrir ansiedad

Vie, 6 Oct 2017
La universidad pone a prueba las competencias y habilidades durante el periodo de formación profesional
  • Una persona con ansiedad sabe que algo le está sucediendo, pero no puede explicar de qué se trata. (Valentina González/IBERO).

Era un día cualquiera. Carolina Hernández salió de su casa temprano para llegar a tiempo a la universidad. Manejaba por avenida Reforma cuando de pronto su respiración empezó a acelerarse y una taquicardia la aquejó; al mismo tiempo, su mente se llenó de pensamientos fatalistas.

Tras lo sucedido, Carolina pensó que se trataba de algo circunstancial, un efecto del estrés, por lo cual no creyó necesario ir al médico. Pero un día, mientras estaba en clase, sufrió un ataque de pánico. Su respiración volvió a acelerarse y sentía que iba a morir. Lo único que se le ocurrió hacer fue salir corriendo a un espacio libre para tratar de controlarse.

Los síntomas indicaban que algo sucedía con ella y no se trataba de algo pasajero, como lo pensó en un principio, así que decidió acudir al psicólogo, quién le diagnosticó ansiedad.

“La ansiedad es una emoción cercana al miedo o un subtipo de miedo. Uno de los criterios para diferenciar ‘ansiedad’ y ‘miedo’ es la proporcionalidad. De acuerdo con esta clave estimativa, el miedo sería una reacción más proporcionada al peligro real que la ansiedad”, señala Valentín Martínez-Otero en Ansiedad en estudiantes universitarios: estudio de una muestra de alumnos de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid.

Martínez-Otero detalla que la palabra ‘miedo’ debe reservarse para designar la reacción emocional de temor ante un peligro concreto, real y preciso. El término ‘ansiedad’, en cambio, se refiere al temor que se experimenta de forma indeterminada, sin presencia de objeto.

Los estudiantes universitarios presentan una mayor tasa de ansiedad en comparación a la población en general de la Ciudad de México, pues no sólo se enfrentan al bombardeo de información académica, sino al de los medios de comunicación, a las exigencias sociales, perfección en su vida, de felicidad, entre otras cosas, explicó la Mtra. María Luisa Hinojosa, coordinadora del Programa de Desarrollo de Habilidades Emocionales y Prevención de la Universidad Iberoamericana.

“La universidad pone a prueba las competencias y habilidades durante el periodo de formación profesional en el que los estudiantes se ven sometidos continuamente a una gran carga de exigencia académica, trabajos y exámenes, así como a la adaptación de un nuevo ambiente social, la experimentación de problemas económicos y familiares e incluso el desarraigo de su lugar de origen, ya que cada vez más jóvenes dejan su ciudad natal y viajan a la capital del país para continuar su educación”, dijo Hinojosa.

De acuerdo con el estudio mencionado, la fisonomía universitaria se asemeja en ocasiones a la de una empresa pura, dura y oscura, en cuyo seno ‘todo se vale’ para alcanzar las metas. En alumnas y alumnos apresados en entornos caracterizados por la excesiva presión, la endeblez relacional y la competitividad-rivalidad, más aún si presentan una clara predisposición, los niveles de ansiedad pueden dispararse y con ellos su despliegue personal puede adoptar un rumbo aberrante, distinguido por la inseguridad, la hipersensibilidad, el temor o los problemas de adaptación.

A decir de la Mtra. Hinojosa, en los universitarios hay una serie de características que están a su alrededor que los presiona para rendir y satisfacer su entorno, empezando por la familia, amigos, a ellos mismos, y no se dan la oportunidad de tener dificultades, fracasos o tristezas”.

Enfatizó que, para la comunidad universitaria en general, dichas situaciones de la vida cotidiana se convierten en una dificultad sistemática que evitan a toda costa y después se convierte en un círculo vicioso. De tal forma que la tristeza esperada por algún acontecimiento la viven como algo que no pueden permitirse vivir, la obstaculizan y, al momento de hacerlo, lo trasladan a otra forma y empiezan a generar una serie de síntomas.

De acuerdo con la Encuesta de Riesgo IBERO 2016, en ese año el tratamiento psicológico por trastorno de ansiedad se incrementó 20% en la población de 12 mil estudiantes de esta casa de estudios. Ante el fenómeno, las autoridades lanzaron acciones con un enfoque educativo, comunitario y de tiempo libre para contrarrestar el problema.

La académica explicó que en la escuela la ansiedad suele manifestarse a través de la procrastinación, es decir, con la postergación de tareas para provocar un malestar. “Pero enfrentarse a la conducta misma provoca un miedo inexistente o un temor que está puesto; entonces el sujeto prefiere tener un malestar por postergar la acción a enfrentarse a la acción misma”.

Para Hinojos, la ansiedad es necesaria en la vida de cualquier ser humano, porque es un elemento que protege y acciona mecanismos de defensa.

“La ansiedad no es algo malo en sí misma. Pero cuando se convierte en elementos que obstaculizan el buen desarrollo de la persona para la toma de decisiones, para establecer relaciones interpersonales, para descansar y relajarse se trata de algo patológico porque esa ansiedad ya no está funcionando como un mecanismo de defensa que te ayuda a salir adelante, sino que te está deteniendo en tu propio desarrollo”, explica la académica de la IBERO.

Otras características de la ansiedad son: la irritabilidad, poca tolerancia y la tristeza. Mientras que, en términos físicos, las manifestaciones son nerviosismo, opresión en el pecho, falta de respiración, la sensación de que algo malo está ocurriendo.

Al respecto, detalló que la irritabilidad puede manifestarse con relaciones violentas; mientras que el consumo de sustancias también puede ser la consecuencia de una ansiedad prolongada, sobre todo hablando de sustancias que deprimen el sistema nervioso central, tales como la marihuana o el alcohol, pues hacen que la persona con ansiedad se sienta más relajada.

Un individuo con ansiedad sabe que algo le está sucediendo, pero no puede explicar de qué se trata. Además, piensa constantemente que algo malo está por ocurrirle.

“Las personas que tienen ataques de ansiedad pueden llegar al hospital porque piensan que les va a dar un paro cardiaco, sienten que se les adormece el cuerpo, que la respiración no llega a los pulmones, que no reaccionan de manera adecuada”, señaló la coordinadora del Programa de Desarrollo de Habilidades Emocionales y Prevención de la IBERO.

Si este padecimiento no se atiende, las personas pierden el control, pelean con la gente y empiezan a justificarlo, y no dan la atención que debería tener.

Cómo reconocerla

La Mtra. Laura Echeverría, responsable del área de Prevención, recomendó a todos los estudiantes informarse sobre la ansiedad y reconocerla en caso de presentar los síntomas.

“Hacer una autoevaluación para saber si tienen presentes los síntomas, poder identificarla, reconocerla y ver si están presentando ansiedad y en qué niveles. A partir de eso, se trabaja en la prevención. En caso de identificar algún tipo de ansiedad, se debe pensar en alternativas de seguimiento, ya sea en la universidad o buscar otras instancias en donde se puede trabajar esta temática”, dijo Echeverría.

Las especialistas informaron que el Centro de Atención Estudiantil Universitaria, que se encuentra en el edificio J, nivel 2, tiene la función de atender a los alumnos que piensan tener alguna dificultad emocional, académica o vocacional.

Tipos de ansiedad

Existen dos tipos de ansiedad. La primera es ansiedad-rasgo, y denota un característico estilo o tendencia temperamental a responder todo el tiempo de la misma forma, se trate de circunstancias estresantes o no.

Una persona que ha estado ansiosa todo el tiempo, posee una actitud de aprehensión, y ha conformado toda una estructura más o menos estable de vida en función al rasgo de ansiedad, conocido como ansiedad crónica. Esta persona tiene más probabilidades en el futuro de desarrollar un trastorno de ansiedad que otra que no posee este rasgo. Tiende a ser más vulnerable al estrés y considerará un gran número de situaciones como peligrosas.

Mientras que la ansiedad-estado es una emoción temporal que depende más de un acontecimiento concreto y que se puede identificar. La respuesta de ansiedad-estado tiende a fluctuar a lo largo del tiempo. A veces este tipo de ansiedad es elevada o posee una alta intensidad, en tal caso se denomina como ansiedad aguda. Este tipo de ansiedad es la que puede experimentarse en un examen, una entrevista o una fobia especifica.

Estas dimensiones de ansiedad (rasgo o estado) tienden a correlacionarse entre sí, es decir, existe una relación con respecto a los niveles de intensidad en que se experimenta la ansiedad. Así, por ejemplo, una persona con respuestas de ansiedad-rasgo de gran intensidad, tenderá a responder con una ansiedad-estado de igual intensidad.

Fuente: Spielberger, C & Díaz, G. (1975) Inventario de ansiedad: rasgo-estado. México: Manual Moderno.

Valentina González/ICM

 


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