Transformar y crear, el espíritu de la IBERO y su comunidad

Lun, 25 Dic 2017
La renovación y el cierre de ciclos permiten crear y construir nuevos espacios, mejores momentos individuales y sociales
  • Lo importante de la renovación es romper con el sistema caduco que no sirve para nada (Especial).

Las instituciones como las personas siempre se encuentran en constante cierre de ciclos. Buenos o malos, estos ‘cortes’ en el tiempo permiten renovarnos, reconstruirnos, reentusiasmarnos y reinventarnos un mundo, un momento, una vida mejor. Aunque suene fácil, alcanzar este objetivo es complicado, pues implica trabajar desde la individualidad y crear nosotros mismos ese escenario positivo.

Para el Dr. Juan Carlos Henríquez, coordinador del Centro de Exploración y Pensamiento Crítico (CEX) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, “la reinvención, el renovarte, implica una voluntad y una ilusión; (esta búsqueda) no tiene de qué agarrarse, sólo de su propia ilusión”, y eso aplica tanto para las personas como a nivel de instituciones. 

La clave para renovarse, explica, es reconocer el mundo caduco en el que estamos parados y hacer todo lo posible por transformarlo. Esta acción no debe ser desde la ira, la molestia o el odio, pues aspiramos a mejorar y trascender. Sí, debemos romper y acabar con lo que nos detiene, pero no desde la negatividad, el miedo o la incomodidad.

“Lo que me motiva es el entusiasmo, en el sentido más original: entusiasmo con th es endiosarte, estás endiosado, impregnado de un optimismo divino porque sabes que eres cocreador, que puedes crear, quieres transformar, quieres un mundo que no está ahí y te atreves para emprender nuevas aventuras de creación. No sólo te asumes como una criatura sino como cocreador”.

Cada año, en la víspera del Año Nuevo, los propósitos tienen una alta dosis de ilusión y de confianza, y es a través de convertirnos en un dios creador que podemos alcanzarlos. “No tiene nada que ver si eres o no creyente; los seres humanos tenemos la habilidad de atrevernos a decir que somos creadores, que tenemos la potencia y poder de transformar, crear, y no únicamente imaginar mundos mejores”.

Para Henríquez, especialista en sociología de la subjetividad, lo que nos mueve a renovarnos es algo que está fuera de nosotros, algo más grande que nos motiva a cambiar. Aquí, la IBERO se vuelve esencial, como un espacio privilegiado cuya misión es la transformación y la construcción de un mundo digno. “Debemos concebir todo lo que hacemos en la Universidad en términos utópicos. Debemos atrevernos a vivir la comunidad utópica”.

Transformar para la sociedad, el reto 

Transformar es la palabra clave de la Comunidad IBERO. Raúl López Aranzábal, secretario de Rectoría, afirma que éste es el valor más importante de nuestra casa de estudios, como obra apostólica de la Compañía de Jesús. “Es una universidad que sirve a la sociedad, a México y al mundo; busca transformar a la comunidad y a ese mundo en un lugar más humano, más justo, más solidario, democrático, con los valores requeridos”.

Los valores que promueve la Universidad Iberoamericana son: amor, justicia, paz, solidaridad, honestidad, contemplación y gratuidad, verdad, sobriedad y libertad, mismos que le dan el carácter humanista, “porque busca un bien común, un bien mayor, un bien más global, no individual; poner estructuras y elementos donde las personas podamos tener relaciones más igualitarias, justas y solidarias”. 

Éste es el fin más preciado de la institución: atender y cambiar para bien a la sociedad, a partir de la promoción del conocimiento, formar profesionistas, promover la vinculación, la investigación y la docencia. “Esos valores son los que queremos promover y que existan en el mundo, y queremos hacer acciones para que esos valores puedan vivirse en la sociedad, se impregnen en ella”.

Para ello, se forma a las y los alumnos de la Iberoamericana a través de la pedagogía ignaciana, es decir, aprender con y en la realidad, no sólo desde la teoría. El objetivo es ponerlos en contacto con las realidades y problemáticas sociales para de ahí generar la reflexión académica, el conocimiento, la vinculación y poder responder a las inquietudes y necesidades del entorno.

Es decir, llevar a la Universidad afuera, sacarla de sus muros, del encierro, de los límites que tiene la docencia y la investigación, claro, sin descuidar estas dos prácticas esenciales de la vida universitaria, pero se debe romper con ciertas ataduras para renovarnos. 

López Aranzábal señala que para la Planeación 2030 —la misión y visión de la IBERO— se busca “una universidad activa como actor social; que se ciña concretamente a la investigación; que promueva la innovación, no sólo en instalaciones, sino en pedagogías, en propuestas de nueva docencia, de relaciones de enseñanza-aprendizaje; que trabaje en la solución de problemas sociales; una universidad inclusiva, y que apoye a jóvenes de escasos recursos, pero de gran valor académico”. 

La ‘visión loca’ de la IBERO

La visión utópica de la que habla Juan Carlos Henríquez es una de las marcas primordiales de nuestra institución, pues implica creación, es por ello que cualquier integrante de esta comunidad se entusiasma fácilmente por la utopía de querer transformar el mundo, de hacer algo nuevo y romper con lo viejo, a través de la crítica y la propuesta. “Eso es muy natural para nosotros, a diferencia de otras instituciones que no quiere cambiar nada. Es un gen, un ADN totalmente distinto el nuestro”.

El próximo año, la Universidad Iberoamericana cumplirá 75 años de mostrar a México y al mundo una visión centrada en el hacer. Frente a esta fecha, que da paso a la renovación, a abrir un nuevo ciclo, el coordinador del CEX afirma que la IBERO le ha “dado al país una mirada crítica, entusiasta, utópica, humanista, que tiene como horizonte un modelo de ser humano que tiene toda la dignidad, fomentada, respetada y promovida”.

Agrega: “Sabemos que cuando estamos haciendo bien las cosas es porque estamos abonando al surgimiento de este ser humano con todos los derechos, cubriendo todas sus necesidades, pleno, con buenas relaciones, con justicia. Tenemos esa mirada y se nos reconoce en la sociedad por eso, en los ambientes laborales se reconoce (a la IBERO) porque tiene esa mirada única, esa mirada humanista, que al mismo tiempo es crítica”.

Esa apuesta ‘loca’ por buscar lo mejor es ejercida continuamente, enfatiza Henríquez. “Son marcas que permiten soñar en un mundo al que le quieres apostar. La Universidad, en concreto, es especialista en cultivar ese espíritu”. Explica que las y los estudiantes de la IBERO son reconocidos porque aprecian la libertad y no se atan a clichés, estereotipos o expectativas. “Somos rebeldes por naturaleza”.

Además, son personas críticas que buscan crear algo nuevo y romper con el mundo viejo que aprisiona. Pero tal vez lo central es que viven en un horizonte utópico, entendido como la capacidad de imaginar mundos y entusiasmarse con ellos y contagiar a los otros.

“Es el espacio universitario lo que te da la experiencia universitaria, no las aulas, no la docencia, ahí no está la Universidad; ahí están los cursos, ahí está el pretexto, lo que hace la Universidad no es la impartición de un contenido, ni siquiera la profesionalización de alguien, sino que es el espacio donde se forma la persona, como persona, no como profesionista. El sentido de que sigamos viniendo a un campus es para ir construyendo una utopía”.

Manifiesta que el recinto universitario es como un ritual, ‘un como si’, una prueba o representación para hacer algo, para planear la renovación personal o social, la transformación individual y del entorno, porque en realidad, sabemos que afuera las cosas son complicadas, con obstáculos y doblegadas por visiones que frenan el desarrollo.

“La Universidad es un tiempo ritual en el que vives en la liturgia del ‘como si’. En esa liturgia te estás formando como persona, para cuando estés en la calle hagas sonar fuerte lo que es posiblemente humano y humanizante”, es decir, buscar el horizonte utópico.

López Aranzábal, quien fuera en su momento coordinador de Servicio Social de esta institución, también habló del ADN que tiene el alumnado, en específico de cuatro cualidades: “Trabajan en equipo; tienen iniciativa, es decir, no funcionan por el libro; destacan por su alta relación personal, su adaptabilidad y alto compromiso social; finalmente, cuentan con una buena preparación académica”.

En este fin de semestre y de año, la invitación es ir por más y que ese más sea en beneficio personal, pero con un horizonte claro en la colectividad. Por parte de la IBERO, el compromiso se mantiene: formar profesionistas altamente competentes y personas verdaderamente humanas.

Iván Cabrera


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