14 de marzo de 1979: El sismo que marcó la historia de la IBERO

Mar, 14 Mar 2017
El temblor devastó las instalaciones ubicadas en la Campestre Churubusco, en Coyoacán
  • Cortesía José María Nava Towsend
  • Archivo Históricos UIA/BFXC
  • Archivo Históricos UIA/BFXC
  • Archivo Históricos UIA/BFXC
  • Archivo Históricos UIA/BFXC
  • Inserción pagada por un exalumno de la IBERO. Apareció publicada el 16 de marzo de 1979 en El Informador
  • Imagen de los destrozos en la cafetería de la IBERO publicada en la portada de El Informador el 15 de marzo de 1979
  • Cortesía José María Nava Towsend

A las 5:07 horas del 14 de marzo de 1979, un sismo de 7.6 grados en la escala de Richter sacudió a la Ciudad de México. Era uno más de los temblores que cimbraron esa semana al país, de acuerdo con reportes de medios mexicanos, pero ninguno con la intensidad del ocurrido la mañana de hace 38 años.

Este movimiento con epicentro en Petatlán, Guerrero, se convirtió en parte de la historia de la Universidad Iberoamericana por su poder devastador: la mayoría de los edificios administrativos y escolares de la IBERO en la Campestre Churubusco, en Coyoacán, cayeron o sufrieron daños irreparables.

A pesar de la fuerza, ningún integrante de la comunidad universitaria de la IBERO resultó herido, aunque cabe resaltar que a nivel nacional se reportó el fallecimiento de cuatro personas, 500 lesionados y más de 70 edificaciones dañadas.

“La Facultad de Arquitectura (sic) y otros módulos más de la Universidad Iberoamericana se derrumbaron, no hubo víctimas, pero los daños fueron calculados en varios millones de pesos”, publicó el diario El Informador.

El rotativo agregó que 90% de la Iberoamericana había sido afectada: “Tres edificios que ocupaban la rectoría, las direcciones de las facultades, las oficinas administrativas, talleres de arquitectura y aulas, quedaron totalmente destruidos y las labores docentes suspendidas hasta nuevo aviso”.

Con el paso de las horas, la prensa publicó que los daños fueron en cinco edificios (no tres). La realidad es que la devastación complicó aún más el panorama para nuestra Universidad.

El entonces Rector de la IBERO, Enrique Portilla Osio, y los directores de los Departamentos de la Universidad Iberoamericana decidieron suspender por una semana las labores docentes para hacer frente a la crisis y examinar los ofrecimientos que diferentes instituciones hicieron para continuar con la cátedra habitual.

“Cinco días hábiles después (del sismo), el 22 de marzo se iniciaron las clases de licenciatura en las instalaciones de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) Culhuacán, generosamente prestadas por el Instituto Politécnico Nacional. Otros cursos se impartieron en el Colegio de Ingenieros Civiles de México y de posgrado fueron albergados por el Instituto Cultural”, recordó la directora de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero, la Mtra. Teresa Matabuena.

Aunque había varias ofertas, algunas de ellas aceptadas, durante la reunión que sostuvieron el rector Enrique Portilla Osio y los directores de la IBERO, se informó que la mayoría optaba porque “la mayoría de las cátedras se sigan impartiendo aquí, en la propia Universidad Iberoamericana, aunque sea en los jardines y en las canchas deportivas”, según una nota informativa publicada en medios nacionales.

El 31 de mayo de 1979, se inauguraron las instalaciones prefabricadas —conocidas coloquialmente como “gallineros”— donde se impartieron clases durante el verano de ese año. Estos espacios habilitados, así como la biblioteca y las instalaciones que no habían sufrido daños, albergaron a la Universidad hasta 1988.

De acuerdo con El Informador: “Con rectoría y oficinas generales y direcciones de todos los planteles instaladas provisionalmente en el primer piso de la biblioteca Francisco Javier Clavijero (sic), con maestros y alumnos deseosos de reanudar cuanto antes las cátedras de la UIA, se proponen salvar el semestre, no perder ni un día más de clases, reorganizar clases y olvidar los daños ocasionados por el sismo que derribó los cinco edificios en donde se encontraban la totalidad de las aulas y dirección general”.

Gracias al apoyo del Patronato Fomento de Investigación y Cultura Superior A.C. (FICSAC), que desde 1956 ayudó a consolidar la presencia de la IBERO, se adquirieron los terrenos para edificar el complejo universitario donde hoy se asienta la Universidad Iberoamericana en Santa Fe, Ciudad de México. En la primavera de 1988 abrió las puertas la nueva sede.

Datos

Fueron 23 temblores los que sacudieron al país el 14 de marzo de 1979

La matrícula de estudiantes en la IBERO era de 7 mil 200 alumnos

Por su trascendencia, el sismo de 1979 fue conocido como “El Temblor de la IBERO”

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